Os comparto este relato que resultó premiado en un concurso de microrelatos organizado para el Día de la lucha contra la violencia de género. Espero que os guste.
UNA FLOR
Él nunca le dió una bofetada pero nunca le felicitó un cumpleaños, ni le regaló flores o bombones en cuarenta años de matrimonio.
Ella le planchaba hasta el pañuelo blanco que llevaba en el bolsillo del pantalón, siempre silenciosa y cauta para no recibir sus miradas de desaprobación.
Él murió a las diez de la mañana en la habitación 543. Los días previos a su muerte, ella dormía en el sofá del hospital mientras él chillaba una orden tras otra. Nunca estaba satisfecho, siempre había alguna crítica en sus palabras.
Ella gestionó callada todos los trámites necesarios para el funeral. Por primera vez estaba sola, sin sus palabras cortantes cuestionando sus actos. Respiraba con mayor ligereza sin ser consciente de cuál era la razón.
Al día siguiente del entierro, ella no sabía qué hacer con su tiempo. Sentía que las agujas del reloj no avanzaban y decidió salir a pasear por el barrio sin un destino claro, era la primera vez que hacía eso.
Ese mismo día, Gabriel inauguraba su cafetería. Estaba emocionado y repartía folletos a la puerta del local para atraer clientela. Ella tomó uno y sin pensarlo, atravesó la puerta de ese lugar tan bonito. Gabriel le preparó un café de especialidad y le explicó que el sabor que provenía de Brasil le iba a encantar.
Ella se sentó en una mesita cerca de la ventana. El olor del café inundó sus sentidos, bajó la mirada y una lágrima rodó por su rostro. La taza contenía un café con el dibujo de una flor, hecha con espuma. Era la primera vez que alguien le hacía un regalo así. Desde aquel día, todas las mañanas se sentaba en esa mesita y recibía una flor.



