CÓMO EL FONENDO LO CAMBIÓ TODO


El fonendoscopio y la medicalización de la muerte: una mirada histórica y crítica

En 1816, el médico francés René Laennec inventó el fonendoscopio, una herramienta que marcaría un antes y un después en la historia de la medicina. Aunque hoy lo asociamos sobre todo con la auscultación pulmonar o cardíaca, su impacto fue mucho más profundo: transformó el papel del médico y cambió radicalmente nuestra relación con la muerte.

Antes de este invento, la muerte era un evento íntimo, social y doméstico. Se diagnosticaba por signos visibles y era presenciada por familiares, vecinos o figuras religiosas. Con el fonendoscopio, por primera vez el médico se convierte en la figura central para determinar si una persona estaba viva o muerta. El oído clínico, ahora apoyado en la tecnología, otorgaba autoridad al profesional para pronunciar el final de una vida.

Este paso marcó el inicio de la medicalización de la muerte, un proceso que ha ido en aumento con la evolución tecnológica de la medicina. La muerte, que antes sucedía mayoritariamente en casa, comenzó a trasladarse a los hospitales. Las decisiones sobre el final de la vida pasaron a depender de parámetros técnicos, diagnósticos instrumentales y criterios clínicos cada vez más sofisticados.

A lo largo del siglo XX y XXI, con el desarrollo de la medicina curativa, la muerte se ha convertido en algo que la medicina intenta evitar a toda costa. Esto ha generado tensiones entre la búsqueda de la curación y la necesidad de acompañar a las personas en procesos de final de vida dignos, humanos y conscientes.

¿Estamos preparados para replantear el papel de la medicina ante la muerte? ¿Deberíamos devolverle al morir un lugar menos técnico y más humano?

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